lunes, 13 de diciembre de 2010

ÉBANO DE RYSZARD KAPUCINSKI



En Ébano, Ryszard Kapucinski se adentra en el continente africano huyendo de los lugares comunes. Vive en los barrios más pobres, enferma de malaria, se ve acosado por el miedo,  sufre el calor y la sed constantes, a veces, se llena de desesperanza. Pero su mirada recoge los instantes más verdaderos de las vidas de unos personajes apenas conocidos en nuestro mundo occidental.
Analiza el porqué de la pobreza de este ignorado continente arrasado por los blancos, por unos imperios coloniales que quisieron imponer unas costumbres ajenas a las distintas etnias que lo componían. Describe los paisajes, los ritos y las creencias que conforman el sentir del pueblo africano, o los sentires, porque cada pueblo es único y distinto. También nos habla de sus animales, de su flora y de su clima. Todo es observado con una mirada lúcida, comprensiva. No juzga, relata.
El calor, el miedo, la sed, el hambre, la soledad, la multitud, todos estos términos cobran un significado diferente en África. Nos hace percibir un mundo distinto al que conocemos a través de imágenes estereotipadas. Nos hace sentir incultos, desconocedores de una tierra que está aquí, al lado. Una tierra que hay que descubrir saliendo de las rutas turísticas y adentrándose en sus rincones. Como hizo él.
Conocer el continente a través de personajes como Salim, conductor de un camión, como Thiam y Yamar, hermanos y sin ocupación fija que invitan al periodista a compartir lo poco que tienen o  Madame Diuf  y su mercado ambulante,  se convierte en una aventura de la mano de Kapucinski. Son figuras reales y lugares remotos donde la supervivencia depende de un pozo de agua o de la sombra de un árbol. Lugares como Lalibela, con once iglesias cristianas del siglo XII comunicadas entre sí por medio de túneles subterráneos. Y Onitsha, la pequeña ciudad nigeriana cuya vida gira en torno a un socavón en la calzada.
Cuanto nos describe este periodista tiene la virtud de abrirnos los ojos a una realidad ignorada. Apenas podemos vislumbrar todo lo que llegó a descubrir en esas tierras. Al leer la crónica, nombres tan familiares como Amín Dada o Ruanda, cobran otro significado. La vida del dictador o las circunstancias de un país dividido por una guerra civil llegan hasta nosotros sin titulares, sin sensacionalismos. Hace una exposición de los hechos y que cada cual saque sus propias conclusiones. Su trabajo es contar historias y nos las cuenta.
En tiempos anteriores a la colonización, en África habían existido más de diez mil países, entre pequeños estados, reinos, uniones étnicas o federaciones. Aún queda mucho de aquella  diversidad, de aquel fulgurante mosaico que se ha vuelto un cuadro creado con terrones, piedrecillas, astillas, chapitas, hojas y conchas. Cuánto más lo contemplamos mejor vemos cómo todos esos elementos diminutos que forman la composición, ante nuestros ojos cambian de lugar, de forma y de color hasta ofrecernos un impresionante espectáculo que nos embriaga con su versatilidad, su riqueza, su resplandeciente colorido”.
Ésta es su visión y nos la traslada en su magnífica obra. África, según Kapucinski “es un océano, un planeta en sí mismo, un universo variado y riquísimo. Si lo llamamos África es sólo para simplificar y por pura comodidad. Aparte de la denominación geográfica, en realidad África no existe
Ébano es la crónica de los años que este periodista polaco pasó en África como corresponsal. Hay que leerla para adentrarse en la historia del vecino continente. Para saber porqué continúa siendo “el hermano pobre” del resto del mundo
                                                                                                                                    Eloína Calvete García 

No hay comentarios:

Publicar un comentario