lunes, 27 de diciembre de 2010



ANTONIO  LÓPEZ  HIDALGO 

“Yo me hubiese quedado dormido en su piel como el gato perezoso que busca a su dueño. De vez en cuando me pregunto por qué no lo hice. Y esa creo que es una desventura mayor que la de aquellos que nunca supieron qué es la felicidad”
¿Realidad?  ¿Ficción? No importa. La narración de Antonio López  nos sitúa más allá de  nuestra realidad cotidiana  pero quiere parecernos una ficción. Por pura envidia.  Brasil y sus playas, el sol, la sensualidad y el amor. Esos  tópicos de postal turística en este relato se transforman en una verdad tangible, sencilla y hermosa.
Breve e intensa, esta historia  termina cuando apenas ha comenzado. Tenía que ser así, nos señala el autor - protagonista. Tendremos que creerle.

Eloína Calvete García 

lunes, 20 de diciembre de 2010

HERMOSA, TENAZ, VALIENTE, LUCHADORA

Me gusta verla sonreír, en sus mejillas se dibujan dos simpáticos hoyuelos que le dan a su rostro  un aire infantil. Últimamente siempre está seria, triste, como ausente. Su mirada se pierde en la distancia.
Le hablo todos los días, me siento a su lado y le recuerdo aquellos otros días tan lejanos. Cuando cantaba mientras faenaba en casa: “Ojos verdes”, “La bien pagá”, “María de la O”. Su voz quebrada me estremecía, la escuchaba  embelesada. A veces  me ponía a llorar de emoción  y ella siempre decía: “No seas tonta,  sólo son historias; como los cuentos,  pero con música”.
También disfrutaba cosiendo. Si  las faenas de la casa le dejaban un rato, se sentaba  en el patio y cogía su caja de costura, una antigua lata de galletas. Me parece verla encorvada sobre cualquier prenda, susurrando canciones siempre. Nos hacía la ropa, aprendió  en un taller camisero en el que entró a trabajar con apenas doce años. Siempre recordaba el momento de entregar las prendas, ella era la aprendiza y le tocaba hacer el reparto. ¡Qué bien lo pasaba recorriendo las calles y sintiéndose libre e importante!
Nunca estaba quieta. La casa era muy grande, éramos cinco hermanos y dábamos mucha guerra. Pero le encantaba vernos sentados alrededor de la mesa del comedor. Nos miraba orgullosa, siempre fuimos para ella su mejor obra. Todo su esfuerzo se centraba en nosotros, se olvidaba de sí misma para darnos  lo mejor. Nunca nos faltó de nada, aunque tuviera que pedir dinero prestado. No fuimos conscientes de los apuros que pasó hasta que crecimos. Un día la descubrí llorando, me asusté, estaba siempre tan risueña que tuve miedo. Enseguida me tranquilizó:”No es nada pequeña, cosas de mayores”
Ahora me gusta acariciar su pelo, abundante y  blanco, muy blanco. Ayer era rizado y negro, muy negro. Se lo recogía a ambos lados de la cara con horquillas. A veces en un moño apretado. Envidiaba esa melena azabache que yo no había heredado. ¡Era tan guapa! Cuando íbamos por la calle me daba cuenta de las miradas que le dirigían hombres y mujeres. Se arreglaba mucho para salir, siempre con esos enormes tacones que a mí me resultaban tan incómodos. Elegante, moderna, arrolladora. Toda una mujer, segura y orgullosa de serlo. Nunca se planteó la igualdad, ni la discriminación de género. Si creía que algo era justo, luchaba por ello. Se enfrentó con administraciones y directores de colegios. Con jueces e inspectores. Siempre decía que nosotros, sus hijos, éramos su motor, su fuerza.
“¿Quién eres?”, pregunta al verme. No me reconoce. “Soy yo mamá, tu hija”. “¿Sí? Bueno,  si tú  lo dices”. He aprendido a no insistir, me siento a su lado y comienzo a hablar. Pero ella está lejos, de vez en cuando me mira desconfiada. Creo que piensa que estoy confundida pero me deja que acaricie sus manos. Me deja tocar su pelo y tararearle alguna de sus canciones preferidas. A pesar de todo, a pesar de su olvido,  me sigue consolando. Vuelvo a sentirme segura. Quizás, en algún rincón de su mente, aún guarde el recuerdo de aquella niña que fui. No importa si no sabe quién  soy. Yo sé muy bien  quién es ella, mi madre. Hermosa, tenaz, valiente, luchadora.
                                                                                                                                                      ELOÍNA CALVETE GARCÍA

lunes, 13 de diciembre de 2010

ÉBANO DE RYSZARD KAPUCINSKI



En Ébano, Ryszard Kapucinski se adentra en el continente africano huyendo de los lugares comunes. Vive en los barrios más pobres, enferma de malaria, se ve acosado por el miedo,  sufre el calor y la sed constantes, a veces, se llena de desesperanza. Pero su mirada recoge los instantes más verdaderos de las vidas de unos personajes apenas conocidos en nuestro mundo occidental.
Analiza el porqué de la pobreza de este ignorado continente arrasado por los blancos, por unos imperios coloniales que quisieron imponer unas costumbres ajenas a las distintas etnias que lo componían. Describe los paisajes, los ritos y las creencias que conforman el sentir del pueblo africano, o los sentires, porque cada pueblo es único y distinto. También nos habla de sus animales, de su flora y de su clima. Todo es observado con una mirada lúcida, comprensiva. No juzga, relata.
El calor, el miedo, la sed, el hambre, la soledad, la multitud, todos estos términos cobran un significado diferente en África. Nos hace percibir un mundo distinto al que conocemos a través de imágenes estereotipadas. Nos hace sentir incultos, desconocedores de una tierra que está aquí, al lado. Una tierra que hay que descubrir saliendo de las rutas turísticas y adentrándose en sus rincones. Como hizo él.
Conocer el continente a través de personajes como Salim, conductor de un camión, como Thiam y Yamar, hermanos y sin ocupación fija que invitan al periodista a compartir lo poco que tienen o  Madame Diuf  y su mercado ambulante,  se convierte en una aventura de la mano de Kapucinski. Son figuras reales y lugares remotos donde la supervivencia depende de un pozo de agua o de la sombra de un árbol. Lugares como Lalibela, con once iglesias cristianas del siglo XII comunicadas entre sí por medio de túneles subterráneos. Y Onitsha, la pequeña ciudad nigeriana cuya vida gira en torno a un socavón en la calzada.
Cuanto nos describe este periodista tiene la virtud de abrirnos los ojos a una realidad ignorada. Apenas podemos vislumbrar todo lo que llegó a descubrir en esas tierras. Al leer la crónica, nombres tan familiares como Amín Dada o Ruanda, cobran otro significado. La vida del dictador o las circunstancias de un país dividido por una guerra civil llegan hasta nosotros sin titulares, sin sensacionalismos. Hace una exposición de los hechos y que cada cual saque sus propias conclusiones. Su trabajo es contar historias y nos las cuenta.
En tiempos anteriores a la colonización, en África habían existido más de diez mil países, entre pequeños estados, reinos, uniones étnicas o federaciones. Aún queda mucho de aquella  diversidad, de aquel fulgurante mosaico que se ha vuelto un cuadro creado con terrones, piedrecillas, astillas, chapitas, hojas y conchas. Cuánto más lo contemplamos mejor vemos cómo todos esos elementos diminutos que forman la composición, ante nuestros ojos cambian de lugar, de forma y de color hasta ofrecernos un impresionante espectáculo que nos embriaga con su versatilidad, su riqueza, su resplandeciente colorido”.
Ésta es su visión y nos la traslada en su magnífica obra. África, según Kapucinski “es un océano, un planeta en sí mismo, un universo variado y riquísimo. Si lo llamamos África es sólo para simplificar y por pura comodidad. Aparte de la denominación geográfica, en realidad África no existe
Ébano es la crónica de los años que este periodista polaco pasó en África como corresponsal. Hay que leerla para adentrarse en la historia del vecino continente. Para saber porqué continúa siendo “el hermano pobre” del resto del mundo
                                                                                                                                    Eloína Calvete García 

miércoles, 8 de diciembre de 2010

CULTURA Y COMUNICACIÓN


Según la RAE la cultura es “un conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” La cultura es la trama, la urdimbre,  la argamasa de una sociedad. Es un ser  vivo que se adapta a los tiempos y a los hombres. Recoge sus necesidades e intenta completar sus vidas, cargarlas de significado. Y es a través  de la comunicación que la cultura alcanza a todos los elementos de un grupo social.  Cultura y comunicación van de la mano. No se pueden entender por separado.

Actualmente, el concepto cultura se une estrechamente al término “negocio”. En la sociedad capitalista los productos culturales son juzgados con óptica mercantil. “Tanto vendes, tanto vales”.  La cultura se relaciona con producciones estandarizadas que anteponen el éxito económico a la calidad. Pero hay esperanza, están surgiendo movimientos de rechazo ante esta situación. Uno de estos movimientos es el Foro Social Mundial de Porto Alegre (2001) que se basa en la proclamación de que “otro mundo es posible”.  Es posible un nuevo orden mundial que  apueste por una nueva sociedad, por una nueva  cultura. La cultura del creador autónomo, de expresiones alternativas que tengan espacios de difusión.

Y en este contexto, la figura del periodista cultural cobra su mayor significado. Una figura que reúne un poco de artesano y algo de asalariado. Un profesional que, como señala Tomás Eloy Martínez, tiene un “compromiso con la palabra a tiempo completo, a vida completa…”. Un trabajador  con vocación de servicio a la comunidad.  En él la cultura y la comunicación convergen. Se alían para hacer llegar al público la realidad cultural. En palabras de J.B. Rivera “Históricamente el grueso de los integrantes del vastísimo universo del periodismo cultural está integrado por intelectuales y artistas orientados vocacional o formativamente hacia esa esfera”. Estos profesionales tienen que enfrentarse con las exigencias de los medios y conjugar sus intereses con el mercantilismo de las grandes empresas. Se acercan a las expresiones artísticas desde la comprensión y el conocimiento y nos descubren sus entresijos. Y son ellos los que tienen que apostar por una nueva cultura.

Una  nueva cultura que  está encontrando otras  vías de difusión. En la red se multiplican las páginas que difunden contenidos específicos. Es un camino abierto a expresiones artísticas marginales,  que no hallan  cabida en los medios tradicionales. Nuevas tecnologías que se abren a un universo alternativo. Otro  ejemplo de la simbiosis entre cultura y comunicación. Ejemplo de la necesidad de conjugar ambos conceptos de la mano de profesionales que afronten el reto de transformar los contenidos  de  una  industria cultural  que sólo ofrece   productos de mercado.

En la nueva sociedad  que defiende el Foro de Porto Alegre la cultura debe recuperar su espacio.  Resistirse al mercantilismo. Porque, como explica Vidal-Beneyto,  “la resistencia cultural es el único medio de supervivencia de la cultura”


Eloína Calvete García

VIVIR DEL "CUENTO"

Isabel Gallego  es animadora sociocultural, su especialidad es la animación a la lectura  y oferta sus actividades en colegios,  asociaciones y bibliotecas. A pesar de su juventud, apenas tiene 25 años, su experiencia laboral es amplia. Es una trabajadora autónoma muy conocida en los ambientes bibliotecarios de los centros cívicos. Como ella misma comenta: “si gustan tus actividades en un sitio, funciona el boca a boca, te recomiendan”.

Actualmente se están realizando, a nivel institucional,  diversas actuaciones que recuerdan  la figura de Antonio Machado.  Isabel es toda una experta en planear actividades que se relacionan con el escritor y su obra y la reclaman muy a menudo.  Bormujos,  El Aljarafe o Tomares,  son distintos puntos de la provincia sevillana que recorre esta chica animando a la lectura a niños y mayores. En Valencina trabaja en  tres clubs de lectura, dos son de adultos y uno es infantil  o familiar, como ella le llama: “una vez al mes vienen los papás  y las mamás. Para que no sea sólo que los niños leen un libro sino que en casa lean el libro con ellos”. Isabel señala que la crisis económica también está afectando a su trabajo. Los ayuntamientos recortan los presupuestos destinados a cultura y la llaman  menos,  aunque reconoce que el interés por las actividades de animación a la lectura aumenta cada día.

 En el gremio de animadores socioculturales  hay bastante gente joven, en las bibliotecas de los distritos sevillanos podemos encontrar a muchos de estos profesionales trabajando.  Isabel acude todos los viernes al Centro Cívico El Esqueleto del Polígono Sur. “La hora del cuento”, de cinco a seis de la tarde, reúne  a niños de 8 a 12 años que interactúan con ella en la lectura de un libro infantil. Es un proyecto anual, esto supone una oferta de precio especial para los organismos que contratan los servicios de animadores y una cierta estabilidad laboral para estos chicos y chicas.

La animación sociocultural es una profesión  nueva que intenta abrirse camino en nuestra sociedad. En España, la formación tiene tres  niveles: Técnico Superior en Animación Sociocultural (FP),  Diplomado en Educación Social o Licenciado en Pedagogía Social. El animador sociocultural trabaja con colectivos dentro del campo educativo y aplica técnicas de dinámica de grupos para establecer vínculos entre los participantes en las actividades que diseña. El trabajo que realizan es muy importante a nivel social, es una nueva forma de acercar la cultura, en general, y los libros, en particular,  a una sociedad que apenas tiene tiempo de leer.

Isabel comenzó trabajando  la animación genérica pero ahora se dedica de manera  especial  a la lectura. Niños y  mayores, adolescentes y Tercera Edad encuentran en profesionales  como ella un modo  diferente de entender los libros y los cuentos. Leer deja de ser un acto individual y solitario para convertirse en una forma de socialización, de encuentro con los demás. Isabel Gallego vive “de” y “por” los libros, por los cuentos. Una bonita manera de ganarse la vida.

                                                                                                                                   Eloína Calvete García 

lunes, 29 de noviembre de 2010

NO TE RINDAS de Mario Benedetti

No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas, que la vida es eso, continuar el viaje,
perseguir tus sueños, destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor, no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma y vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya, y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero,
porque existe el vino y el amor, es cierto
porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar un canto
bajar la guardia y extender las manos.
Desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida, y retomar los cielos,

No te rindas, por favor, no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento.
Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.

Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento
porque no estás solo, porque yo te quiero.

domingo, 28 de noviembre de 2010

POEMA DE PABLO NERUDA

Muere lentamente quien no viaja,

quien no lee,

quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos
trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su
vestimenta
o bien no conversa con quien no
conoce.

Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino
de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones
destrozados.

Muere lentamente
quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos...

¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!

NO TE IMPIDAS SER FELIZ


sábado, 27 de noviembre de 2010

HAS VIVIDO

En la mitad de tu vida, repasas lo que has vivido, y descubres experiencias que no habías comprendido.

En el tiempo trascurrido, con todo un camino andado, siente que lo conseguido, con fuerza te lo has ganado.

Quizás no lo tengas “todo”, porque no te hacía falta.
Ahora que lo comprendes, le das su justa importancia

No existe el mundo perfecto, ni la persona ideal, existe el mundo que creas con tu manera de estar.

Si has dado sin esperar, si has perdonado un error, si has escuchado a un amigo, si no has guardado rencor…podrás decir que has vivido.

Podrás decir que has vivido cuando al mirar a tu lado veas que no marchas sola, que alguien coge tu mano.

Si conociste el Amor, de amiga, compañera y madre
Amor del que nada espera y se entrega sin sentido. Amor que todo lo llena, podrás decir que has vivido.

Y ahora, sigue adelante, con todo ese amor a cuesta
Para seguir repartiendo a quien, quizás, no lo encuentra.

                                                                             ELOÍNA CALVETE

ELLA

Ella se sentía como árbol caduco, como tierra seca, como ser sin rumbo
Y llegó la lluvia que moja la tierra, y al árbol cansado le brotaron hojas
Ella quiso frutos, renovar su piel, reformar su mundo y ser…lo que fue.
Todo se transforma, nada se destruye, siempre permanece lo que fue su origen
Aquel que otro traje, sin querer, vistió. Se desnuda y busca lo que ayer dejó.
Desnuda tu alma, desnuda tu cuerpo, vuelve a ser aquella que fuiste hace tiempo
Rompe la baraja, busca nuevas  reglas, hazlo con cariño…y verás, aceptan
Porque ya no hay culpas, ni recuerdos tristes, sólo hay experiencias de lo que viviste
Y aunque estás desnuda, tu piel ya ha cambiado, tu alma es más grande por dar cuanto has dado.
Aprovecha ahora todo lo vivido, mira hacia adelante. HAY OTRO CAMINO.
Y ella se ha mirado con una sonrisa, comienza su ruta, tranquila….sin prisas.         

SOMBRA.

Ha aparecido la SOMBRA,  esa que todo lo envuelve
Que te ahoga, que te angustia, que te agota, de repente.
Y comienza  la batalla contra esta tristeza ausente, respira hondo, respira, ya la conoces, sé fuerte
No te dejes envolver por el negro pesimismo, no acudas a esa llamada, no vayas que no es tu sitio.
Empújala, empuja fuerte, y se alejará de ti. Respira hondo, respira, volverás a sonreir.
Ya te enfrestaste con ella, ya la conoces muy bien, por eso, aleja la sombra. TÚ PUEDES,  eso lo sé.
Esta batalla no es nueva, al enemigo conoces. Si es así, no tengas miedo, no dejes ni que te roce
Sabes que ella está ahí, y aparece cuando quiere, pero tú ya eres más fuerte. Lucha contra ella, PUEDES.
Mira, mira, se diluye, se va, sí, se está alejando. HOY HAS PODIDO CON ELLA, como ayer….pasito a paso.
Esta lucha que mantienes contra la maldita sombra es la que te da la fuerza de enfrentarte con  la vida.
Todos tenemos” fantasmas”, sombras que nos acechan, algunos no quieren verlas y van por la vida a ciegas.
Por eso cuando la sientas, cuando creas que se acerca, respira hondo, sé fuerte… y le cerrarás las puertas.
Y “cuélgate una medalla” porque hoy lo has conseguido…
Mañana será otro día, y lo pasado…al olvido.


LA CAÍDA DE BAGDAD JON LEE ANDERSON

El régimen de Sadam Hussein vive sus últimos momentos, la obra de Jon Lee Anderson abarca una secuencia cronológica que se inicia con una minuciosa descripción de los  meses  previos a la guerra en Irak,  termina con la  narración de la caótica y desgarradora situación del país un año después del término oficial de la contienda. El periodista estadounidense llega poco antes del inicio de un enfrentamiento  que pondrá fin a un gobierno dictatorial, apoyado en la propaganda de  un líder ególatra y cruel, y en el miedo. Quiere conocer, de primera mano,  la realidad en la que viven los iraquíes, sus opiniones sobre la guerra, sus sentimientos y sus esperanzas.
Entabla relación con diversos ciudadanos de Irak,  un grupo de personas  a través del cual el lector va conociendo  la dictadura de Sadam, la entrada de las tropas norteamericanas y la etapa final, cuando,  acabados los enfrentamientos, se podía esperar  la paz. Son iraquíes como Sabah, su chófer, un  eficiente  chií que se hace indispensable para Anderson en sus desplazamientos y que le muestra los  lugares comunes por los que discurre la vida en Bagdag, una ciudad  que  intenta mantener la normalidad diaria a pesar de la amenaza americana. O como  Ala Bashir,  médico personal del dictador  y creador de algunos de los principales monumentos que alaban la figura del gobernante. Este artista, antiguo conocido del reportero,  se convertirá en personaje protagonista en la obra de Anderson. Ambos mantendrán largas conversaciones sobre la figura del dictador.  Al  periodista  le interesa, sobre todo, entender porqué  un hombre culto e inteligente acepta una relación con este líder político cuyas sangrientas actuaciones traen consecuencias tan nefastas para  su país. A lo largo del libro las razones de Bashir se desvelan  y se puede vislumbrar el entorno del dirigente  en sus últimos días.
Describe Anderson el día a día de los periodistas que, como él, han decidido permanecer en Irak y repasa diversas anécdotas sobre los cambios de hotel, las provisiones de comida y agua y los trajes contra las armas químicas. Las circunstancias de su trabajo hace que se estrechen lazos de amistad y colaboración entre los distintos corresponsales y que el trágico destino de algunos de estos profesionales sea un duro golpe para todos ellos. Recuerda la muerte de José Couso, el reportero  de Tele 5,  alojado en el Hotel Palestina y  abatido por los disparos de un tanque norteamericano. Está convencido de que el disparo fue un error y no un ataque premeditado de las tropas de Estados Unidos. Sin  discursos moralistas este reportero recoge también   la historia de Alí, de doce años, sin familia y sin futuro, con el cuerpo destrozado, víctima de una guerra  que destruye vidas y esperanzas. Daños colaterales.


Se apoya en historias humanas porque, según dice, a través de los dramas humanos “es más fácil comprender lo que allí ha ocurrido”. Permanece en Bagdad tras la ocupación  del ejército norteamericano y es testigo de la ineficaz política que quiere imponer el gobierno de Bush. Los estadounidenses son  incapaces  de comprender el carácter y la cultura  del pueblo iraquí y tropiezan cada día con unos ciudadanos  que rechazan la  invasión. El fin de la guerra no supondrá  el fin de la violencia.
Todo esto lo relata Jon Lee Anderson sin aspavientos, sin moralina y con una innegable calidad narrativa. Reacio a tomar partido, escucha a sus interlocutores en un  afán de comprender los distintos resortes que guían los comportamientos humanos en tan dramáticas circunstancias. Una y otra vez recoge las  palabras de algunos  iraquíes que  avisaban de las funestas consecuencias que tendría  esta campaña  militar. Muchos querían ver derrotado a Sadam Husein por su crueldad, pero no a cambio  de la  ocupación extranjera.
En el primer aniversario de la entrada en Bagdad  nada ha cambiado “había transcurrido un año, pero parecía como si la capital no hubiera caído en absoluto…o quizá aún estuviera cayendo”. Las palabras de Anderson, llenas de desesperanza, reflejan una triste  realidad que continua  aún hoy. Da la impresión de que Irak  nunca terminará de “caer”.

                                                                                                                                       Eloína Calvete García

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Mi vida, mi libertad

Ayaan Hirsi nace en Mogadiscio (Somalia), en 1969. Hija de un líder político encarcelado, su infancia transcurre entre Somalia, Arabia Saudí, Kenia y Etiopía. El libro es la historia de su vida, la vida de una  mujer musulmana que huye de sus raíces y se refugia en Europa para vivir su libertad.
Gracias a su abuela materna, Ayaan conoce su estirpe, se siente parte de un clan y se inicia en los primeros rezos a un dios lejano, Alá. Una figura omnipresente que rige los designios de los hombres y les indica el camino a seguir. Con apenas  cinco años es sometida, junto a su hermana, a la ablación del clítoris. Durante su estancia en La Meca entra en contacto con un islamismo más puro que el que ha conocido en sus primeros años. “En Arabia Saudí todo giraba en torno al pecado. Una no era traviesa, era pecadora. Una no era limpia, era pura. Escuchábamos la palabra haram, prohibido, todos los días”. Ayaan  se hace consciente de la posición de inferioridad de la mujer musulmana.
En Kenia aprende en un colegio de habla inglesa y se aficiona a la lectura. Termina el bachiller mientras  descubre el mundo a través de los libros. Un mundo lleno de libertad, de aventuras y de luchas por la igualdad. Con dieciséis años, la hermana Asisa, una  educadora de doctrina islámica, entra en la vida de Ayaan.  “La hermana nos introdujo en la lucha interior. Había dos tipos de combate por Alá, y el primer esfuerzo era la yihad en nuestro interior: la sumisión de nuestra voluntad”. Mientras, África se desmorona. El proceso de descolonización ha convertido el continente en un polvorín. Los enfrentamientos civiles hacen que cada vez más gente vuelva sus ojos hacia la religión Surge un nuevo islam que estudia el Corán para conocer  la naturaleza del mensaje del profeta.
 Ayaan duda. Asiste a debates islámicos en inglés con jóvenes somalíes y paquistaníes, quieren comprender las escrituras. Leen juntos a Hassan al Banna, creador de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes, y al egipcio  Sayib Qutb.  Pero las lecturas solitarias de la joven somalí le muestran otro tipo de pensamiento. Su mente se divide: “Me pareció un hecho notable que tantos prestigiosos pensadores musulmanes hubieran filosofado tan largamente sobre cuántos centímetros de piel femenina podían destaparse sin hacer que eso provocara el caos general”. Deja de asistir a los debates y comienza su aprendizaje en  una escuela de secretarias.  En 1992 su padre le anuncia que la  ha ofrecido en matrimonio a un chico musulmán  que reside en Canadá. La joven  no quiere casarse, sabe que  perderá su libertad y tendrá que someterse a su marido.  Su padre insiste y  la envía a Alemania mientras espera el visado para el país norteamericano.
Ya en Europa, Ayaan toma una decisión y  se refugia  en Amsterdam. “El día 24 de julio subí al tren. Todos los años rememoro esa fecha. Para mí es mi verdadero cumpleaños: ese día nací como persona, tomé decisiones por mí misma sobre mi vida. No huía del islam o hacia la democracia. En aquel entonces no albergaba grandes ideas. No era más que una muchacha que quería ser ella misma; así me precipité hacia lo desconocido”.

En Holanda comienza su nueva vida. Trabaja como intérprete, consigue la ciudadanía e inicia sus estudios de Ciencias Políticas. El ambiente de tolerancia y libertad que se respira en la universidad de Leiden, y en el resto del país,  la obligan  a cuestionarse las enseñanzas del islam. Los atentados del 11-S y los sucesos posteriores hacen que Ayaan reaccione y escriba, por primera vez, sobre el peligro potencial que supone una religión “que nunca había pasado por el proceso de ilustración que llevara a la gente a poner en tela de juicio su enfoque rígido de la  libertad individual”. Cuando sus ideas y opiniones se difunden, comienza a recibir amenazas de muerte. Ingresa en el Partido Liberal holandés y es elegida diputada.  Vive rodeada de guardaespaldas. Decidida en su lucha contra la intolerancia, conoce a Theo van Gogh, director de cine. “La película que hicimos Theo y yo, Submission Part 1, trata, ante todo, de la relación del individuo con Alá. En el islam, a diferencia del cristianismo y el judaísmo, la relación del individuo con Dios es de completa sumisión, como entre esclavo y amo”.
La reacción de determinados sectores musulmanes no se hizo esperar. El director de cine y Ayaan reciben todo tipo de amenazas.  En noviembre de 2004, Theo van Gogh es asesinado por Muhamad Buyeri.  Sobre el  pecho   del cineasta  queda clavada una carta amenazadora  dirigida a la joven somalí.  Ayaan  tiene que huir de  Holanda. Protegida por los servicios de seguridad, es trasladada a Estados Unidos. Actualmente, Ayaan  Hirsi Ali trabaja en el American Enterprise Institute de Washington. Con este libro,  quiere trasladar un mensaje: “ El tipo de pensamiento del que fui testigo en Arabia Saudí y en la Hermandad Musulmana, en Kenia y Somalia, es incompatible con los derechos humanos y los valores liberales. Mantienen una mentalidad feudal basada en los conceptos tribales del honor y la vergüenza. Se basa en el autoengaño, la hipocresía y la doble moral. Aprovecha los avances tecnológicos de Occidente, pero finge ignorar que tienen su origen en el pensamiento occidental. Esta mentalidad hace que la transición a la modernidad resulte muy dolorosa para quienes practican el islam”.
Aquella joven que buscó refugio en Europa es hoy una mujer que levanta  su voz, se dirige a los gobiernos occidentales. Reclama una solución para las mujeres musulmanas, denuncia su situación de abandono. Y espera que los seguidores del islam  sean capaces de cuestionar determinados aspectos de su religión.  Capaces de reconocer que se han quedado anclados en el pasado y que una revisión de sus dogmas evitaría enfrentamientos y les haría entrar, por fin, en la edad moderna

Eloína Calvete García 

Lugar y año de publicación: Barcelona,  2006 Editorial: Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores  Nº de páginas: 490

"PUERTAS CERRADAS, LUCES ENCENDIDAS SOBRE LA CULTURA"

Museo en el que se taparon las obras con sábanas (Fuente: web)

El mundo de la cultura italiana se enfrenta al gobierno de  Berlusconi y sus recortes presupuestarios. Museos, bibliotecas, teatros, fundaciones líricas, ayuntamientos y universidades “en pie de guerra” para impedir que se reduzcan las asignaciones que el ejecutivo otorga al universo cultural y a los espectáculos.
La jornada de huelga se extendió por todo el país. Desde Nápoles a Milán secundaron la protesta, el lema: “Puertas cerradas, luces encendidas sobre la cultura”. Unos  museos cerraron, otros no cobraron la entrada. Alguno cubrió con sábanas sus obras de arte. Las bibliotecas dejaron de prestar libros. Y los sindicatos han convocado otra huelga en el mundo del espectáculo el día 22. Unas iniciativas originales y efectivas. Unas movilizaciones que demuestran que se puede hacer frente a las arbitrarias actuaciones de algunos gobiernos demasiado acostumbrados a “ningunear” al arte y a los artistas.
 El patrimonio cultural italiano genera sustancioso beneficios. Pero según algunos agentes culturales, la conservación de monumentos deja mucho que desear y hay teatros que se encuentran a punto de cerrar. No se comprende que las autoridades italianas decidan recortar,  casi un 50%, las partidas presupuestarias que se les asignan. Sin embargo, la respuesta no se ha hecho esperar. La huelga ha conseguido que el ministro de Economía se replantee la situación. Pueden perder mucho más de lo que tenían previsto ahorrar.
 En épocas de crisis los recortes empiezan con las asignaciones del ámbito cultural. No sólo en Italia, es una práctica generalizada. Y nunca hay protestas, parece que estamos dispuestos a aceptar que es una medida necesaria. Sin embargo, dejar de lado la cultura es dejar de ser nosotros mismos. Sin cultura no hay sociedad y no hay sociedad sin cultura. No debemos dejarnos engañar por los gobiernos, las crisis económicas no se superan retirando  o recortando las asignaciones al mundo de la cultura.
Debemos aprender de los italianos, defender nuestro universo cultural y hacer que las autoridades gubernamentales le concedan el lugar que le corresponde. España, como Italia, es un país que recoge importantes  dividendos  del turismo. Un turismo que no solo viene buscando el sol y las playas. Nuestra historia, nuestro arte, nuestra cultura,  están  vivos  en infinidad de museos, grandes y pequeños. En las calles de numerosas ciudades, en sus monumentos, en sus restos arqueológicos. Y sus administradores tienen que hacer juegos malabares para adaptarse a las asignaciones estatales.
No es justo. Es cierto que atravesamos un mal momento económico, pero recortando las partidas destinadas a museos, teatros o  espectáculos podemos encontrarnos con otra crisis, la crisis de la cultura. Y esa no se supera con asignaciones económicas. Si relegamos al olvido nuestro patrimonio cultural, olvidaremos nuestra propia esencia, nuestras señas de identidad. Seamos consecuentes y, como han hecho los italianos, plantemos cara a unas  autoridades que se pierden en un mundo de políticas absurdas.  Defendamos el valor de la cultura, tenemos que ejercer como ciudadanos responsables. Será nuestro legado a las generaciones futuras.

Eloína Calvete García