viernes, 16 de junio de 2023

 


CUENCA

Acabamos de regresar de Cuenca. De la ciudad enclavada en las montañas. La ciudad en la que las casas cuelgan y las calles suben hasta el cielo o bajan al abismo. La ciudad de los dos ríos, de los puentes eternos y los bellos paseos. La ciudad custodiada por enormes dinosaurios que otean el horizonte desde su museo-atalaya.

Acabamos de regresar de Cuenca. Y no nos importaría volver. Volver a recorrer su hermosa catedral. Volver a subir y bajar empinadas cuestas y escaleras infinitas para extasiarnos en sus miradores. Volver a contemplar las construcciones imposibles y los deslumbrantes paisajes. Volver al pasado más remoto de Cuenca entre fósiles prehistóricos y restos de muralla. Volver para descubrir un nuevo rincón, una nueva y aún más hermosa perspectiva que fotografiar.

Acabamos de regresar de Cuenca. La ciudad-mirador que se asoma al Júcar y al Huécar desde su espectacular casco histórico. La ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1996. Podría seguir detallando recodos, senderos, torres y alturas que visitar y admirar en esta urbe singular; lugares que no pudimos recorrer en esta primera visita, lugares que recorreremos cuando volvamos.

Porque acabamos de regresar de Cuenca, pero seguro que vamos a volver.

ECG

lunes, 27 de mayo de 2019

Hacer Senderismo



HACER SENDERISMO

Mi última jornada senderista de la temporada discurrió por la playa de Bolonia Baelo Claudia. Y resultó toda una experiencia. Quería celebrar mi sesenta cumpleaños de manera especial y lo conseguí. ¡Vaya si lo conseguí! Fue un gran día. Una jornada en la que descubrí que hacer senderismo es algo más que ‘caminar por el campo siguiendo un itinerario determinado’ (RAE)
 La ruta comenzó atravesando un hermoso bosque de pinares que discurre paralelo al mar. Todos en fila recorríamos el arenoso sendero contemplando el paisaje. Marchábamos sudorosos, deseando llegar a la playa para iniciar un camino más fresco. Cuando bajamos hasta la orilla el panorama nos deslumbró. Es hermosa la playa de Bolonia, muy, muy  hermosa. El trayecto continuaba por una zona rocosa hasta alcanzar las ruinas de la antigua ciudad romana de Baelo Claudia. Justo ahí comenzaron mis dificultades. Mi relación con el equilibrio no es muy buena (por no decir mala), pero aún así me adentré en la pétrea senda decidida a superar mis miedos. Respiré hondo y comencé a transitar entre las rocas que jalonaban la playa. Poco a poco me fui quedando atrás. Cada vez más inquieta me daba ánimos para continuar, creí que lo conseguiría,  hasta que resbalé.  No pasó nada, me mantuve en pie, pero el miedo se impuso.  ¿Qué quién dijo miedo? Yo, yo lo dije en aquellos momentos. Me quedé aturdida, incapaz de dar un solo paso más.
 Y entonces, como en las mejores pelis del oeste, apareció la caballería en forma de tres fantásticas compañeras: Ana, la monitora principal, y Reyes y Rocío, dos jóvenes senderistas que acababa de conocer. Mis ángeles de la guarda de aquel día. Ana se había percatado de mis dificultades y había localizado una ruta alternativa por los pinares. Reyes y Rocío decidieron acompañarnos e iniciamos una ardua escalada hasta el bosque de pinos. Una vez arriba, caminamos buscando un sendero que nos acercara al grupo principal, pero nos habíamos retrasado demasiado. Ya no era posible. Entonces decidimos buscar un lugar para comer y esperar a que nos localizaran. Después vendrían a recogernos. Todavía anduvimos un buen trecho hasta encontrar dónde almorzar y reponernos de las tragicómicas peripecias entre acantilados, rocas, arena y pinos.  ‘Justito de copas’ se llama el chiringuito que nos acogió. Un lugar precioso gestionado por personas  encantadoras.
No, no pudimos llegar a Baelo Claudia. El recorrido por la antigua ciudad romana era mi ilusión cuando me apunté a la ruta; sin embargo, no creo haber perdido con el cambio de trayecto; al contrario, me siento feliz. La vetusta urbe puede esperar.  Resultaron mucho más gratificantes las horas de compañerismo y risas que viví con Ana, Reyes y Rocío que cualquier visita que hubiera podido realizar. No solo compartimos viandas, también nos repartimos el cansancio entre bromas y anécdotas. Y sí, superé y  superamos las circunstancias adversas. Con complicidad y camaradería. Con empatía y solidaridad. Porque todo eso implica hacer senderismo, además de  ‘caminar por el campo siguiendo un itinerario determinado’ (RAE)
Y solo me resta dar las gracias: Gracias, chicas, gracias por un día genial. Gracias por minimizar mis temores y ensalzar mis logros. Gracias por hacer inolvidable mi jornada  senderista-cumpleañera.
Feliz verano.
Nos vemos en septiembre.
ECG.

sábado, 22 de octubre de 2016

Simbiosis


La trepadora planta circunda la farola,
un asombroso abrazo de perfil peculiar.
El enhiesto farol  y la agreste enredadera
viviente ensambladura, extraña afinidad.
Simbiosis admirable de insólitos simbiontes,
retrato de concordia, de reciprocidad:
la trepadora planta descubre las alturas,
otorgando viveza al templado fanal.
La hiedra y la farola, de natural dispar,
perfilan una imagen de resuelta belleza,
ideal de armonía, espejo de hermandad
La bulliciosa yedra y el sereno fanal,
en entrañable lazo, se elevan hacia el cielo,
pregonando locuaces su firme voluntad.
                                                          ECG

martes, 13 de septiembre de 2016



En su rostro se  reflejan las escasas horas de sueño y los días de trabajo agotador tras la barra del bar; antes descansaba un día a la semana, los domingos; actualmente, ni eso puede permitirse. Los pagos se acumulan, alquiler, hipoteca, seguros, sueldos, proveedores, impuestos, no hay tregua ni sosiego para ella. Hace años que la conozco, que acudo a desayunar cada mañana, observo su trajín y me admira, me asombra ese coraje para seguir adelante, para plantarle cara al destino.
 Tiempo atrás decidió cambiar su vida, se lanzó en caída libre y comenzó un recorrido que, en principio, le mostró su cara más risueña. A veces me habla de aquellos primeros años de bonanza, su rostro se ilumina al recordar cuán feliz y segura se sentía.  Pero todo cambió con la condenada crisis, con una crisis que se ha llevado por delante vidas y bienes, una crisis que parece no tener fin, a pesar de supuestos ‘brotes verdes’, ‘luces al final del túnel’ y otras simplezas por el estilo que solemos escuchar.
Por la tarde, cuando tiene un rato y  charlamos entre café y café, me confiesa que tiene miedo, teme no hacer frente a los pagos y perder su piso, teme enfermar; teme que todos le den de lado… Sí, tiene miedo, pero respira hondo y  continúa, desde las seis de la mañana a las seis de la tarde, de lunes a domingo, de enero a diciembre. Es entonces cuando le recuerdo que es fuerte, decidida y valiente, que todos tenemos nuestros temores, que la valentía no es ausencia de miedo, es esa capacidad suya de sobreponerse a las dificultades y enfrentarse a la flaqueza que a veces la atenaza. Ella sonríe y asiente. Le digo que ha demostrado, y demuestra cada día, una decisión y firmeza de la que muchos carecen y que, antes o después, su tremendo esfuerzo se verá recompensado.
 Y no lo digo por decir, no hablo por hablar. Para mí es un ejemplo de resistencia, de coraje, de audacia. Son ya muchos años detrás de esa barra, dirigiendo el bar, cerrando las bocas de aquellos que no apostaban un duro por ella y superando trabas, zancadillas, comentarios malévolos y malos augurios.  Incontables han sido y son los momentos de dudas e incertidumbre, de querer y no poder alcanzar la tan ansiada seguridad; muchos años, muchas dudas, mucho miedo, sí, pero ahí está, avanzando contra corriente, a pesar de todo, a pesar de su eterno cansancio.  
Nuestras charlas son a veces muy largas, cuando el tiempo y la falta de clientes lo permiten;  hablamos de todo en general y de nada en concreto. La familia, los hijos, los clientes, el pasado o el futuro; cualquier tema, persona, personaje o personajillo merecen nuestra atención. Son buenos momentos de recuerdos y confidencias, resolvemos dudas o descargamos nuestras conciencias de supuestos errores que, la mayoría de las veces, no son más que inseguridades. Espero y deseo que estas conversaciones sean tan beneficiosas para ella como lo son para mí; nuestra particular terapia nos permite descubrir ‘lugares comunes’, experiencias y recelos compartidos, ilusiones y esperanzas remotas y cercanas, vivencias del ayer y empeños de futuro.
Un futuro que me permito vaticinarle feliz. Porque es fuerte, decidida y valiente, porque planta cara a la vida, porque resiste y se lo merece; porque la aprecio y admiro, porque es una gran mujer y una buena amiga, porque siempre hay esperanza, porque los sueños se cumplen; en definitiva, porque la conozco y estoy segura de que su voluntad, su envidiable y poderosa voluntad,  se impondrá a los contratiempos y a sus temores.
ECG

miércoles, 31 de agosto de 2016

Mil y pico de horas

MIL Y PICO DE HORAS

El mes de julio se fue y se acercan inevitables los últimos días de agosto, la  etapa final de mis largas vacaciones. Mis andanzas veraniegas han encontrado eco en este escaparate que es Facebook, he intentado describir aquí mis rutinas diarias; ha sido una bonita forma de ocupar los ratos de ocio enlazando mis dos pasiones favoritas, la escritura y la fotografía. La escritura, junto con la lectura, me apasionan desde pequeña, desde hace ‘miles’ de años; la fotografía no hace mucho que se convirtió en pasión, en necesidad, en otra forma de expresar mis emociones, vivencias y sensaciones. Ahora conocéis un poco mejor mi lugar de veraneo, Matalascañas, la playa onubense que cada fin de semana estalla de vida. La playa de ‘la piedra’,  esa que tiene un faro peculiar y único rodeado de pinares y dunas; con el Coto de Doñana y El Rocío tan cerca que se puede visitar todo en una misma jornada. Matalascañas, con su carretera Norte, la autopista adornada con originales rotondas; el litoral con camellos y caballos en un Parque Dunar de escaleras y rampas infinitas. Matalascañas.
Se acerca pues el momento de las despedidas, es tiempo ya de caminar por el sendero de tablas para echar una última ojeada al faro y hacer la enésima fotografía; tiempo de recorrer la carretera Norte con la primera sombra de nostalgia y observar melancólica los tonos azules de la piscina comunitaria, tiempo de ascender por la penúltima rampa del parque… Sí, se avecina el final de mis reseñadas vacaciones. He relatado aquello que he creído curioso o diferente, aquello que he juzgado acertado compartir con palabras e imágenes. Sin embargo, estos dos meses han dado para más; playa, piscina, paseos, breves excursiones y talleres se han cruzado con  otras vivencias que pertenecen al ámbito más personal, que no se pueden(o yo no sé) recoger en una fotografía. Experiencias acumuladas en historias y relatos que quizás nunca vean la luz, escritos entre la arena y el mar, con la complicidad de la noche. Dos meses, sesenta días, mil y pico de horas que han transcurrido cautelosas; algunas, registrando mis risas y mis lágrimas, otras, censurando mis escritos o juzgando mis  fotografías. Sin olvidar esos momentos de sempiternos soliloquios, buscando explicación a situaciones dolorosas e inexplicables, momentos de soledad compartida con mi  ‘máquina’, con este ya imprescindible artefacto que se ha convertido en prolongación de mis brazos. Horas gozosas de lectura y ratos entretenidos de pasatiempos. Horas en blanco y  en negro, horas eternas, horas efímeras, mil y pico de horas…
Poco me queda que añadir, en esta ocasión acompaño mis palabras con una miscelánea fotográfica de veraniegas burbujas, una  mezcla de instantáneas elegidas entre las que he realizado en estos meses. Impresiones y recuerdos atesorados que de nuevo comparto. Espero que unas y otros reflejen lo que han significado para mí estos días, este largo, fotogénico y literario verano de dos mil dieciséis.


sábado, 21 de mayo de 2016



Y MÁS

La batalla comenzó al amanecer. Los combates se iniciaron con las primeras luces del alba. La lucha desigual continuó durante días y más días, sin tregua ni descanso. El cielo se oscureció; proyectiles y más proyectiles se descargaron sobre una multitud empeñada en recuperar su vida y su libertad. Hombres y más hombres, mujeres y más mujeres, codo con codo, todos a una. ¡¡¡Libertad o muerte!!! Gritaban. Gritos y más gritos de gargantas enrojecidas, enardecidas, vibrantes y osadas.
¡¡¡Libertad o muerte!!! La eterna canción de los pueblos oprimidos, invadidos, avasallados, subyugados por una u otra causa. La batalla comenzó al amanecer de un día que después pasó a la historia. Batallas y más batallas. Combates y más combates. Guerras y más guerras ¡¡¡Libertad o muerte!!!


ECG

jueves, 14 de enero de 2016

La guerra no tiene rostro de mujer

RESEÑA

La guerra no tiene
 rostro de mujer
Svetlana Alexievich


“En el ejército soviético hubo cerca de un millón de mujeres…Incluso llegó a surgir cierto problema lingüístico: hasta entonces para las palabras ‘conductor de carro de combate’, ‘infante’ o ‘tirador’ no existía el género femenino…El femenino de estas palabras nació allí mismo, en la guerra…”


De nuevo me sumerjo en la lectura de un libro de Svetlana Alexievich, reconozco que atraída por sus ‘voces’, esas voces realistas y sinceras que, en esta ocasión, rememoran las circunstancias trágicas de una contienda analizada hasta la saciedad desde distintas perspectivas. Sin embargo, su historia, la historia de cientos de mujeres combatientes en las filas del denominado ‘Ejército Rojo’ durante la 2ª Guerra Mundial, es poco conocida.

 Svetlana se acerca a los testimonios desde su condición de mujer. Más que nunca, su mirada femenina se muestra en este libro protagonizada por otras mujeres. Ajena a las historias bélicas relatadas por y para los hombres, decide que hay otras narraciones que deben ser oídas. “¿Por qué, después de haberse hecho un lugar en  un mundo que era del todo masculino, las mujeres no han sido capaces de defender su historia, sus palabras, sus sentimientos? Falta de confianza.” Y temor, temor a no ser comprendidas, temor a ser juzgadas y descalificadas como ejemplos poco edificantes. No les faltaba razón. En muchos casos, al volver de la guerra, fueron tachadas de impúdicas y deshonestas por otras mujeres que no entendieron su necesidad de luchar, de defender su forma de vida y sus costumbres.

La pluralidad de voces que componen el libro nos ofrece turbadores relatos de muerte y horror; narrados con sinceridad y entre lágrimas, ellas no han podido o no han querido olvidar lo que vivieron. Tristeza, miedo, desesperanza, pero también encontraron momentos para la poesía y el amor. Algunas narraciones son breves, otras se extienden en matices y detalles que emocionan por su realismo y sencillez. Todos los episodios conmueven.

 “En lo que narran las mujeres no hay, o casi no hay, lo que estamos acostumbrados a leer y a escuchar…los relatos de mujeres son diferentes y hablan de otras cosas. La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación, su espacio”. Svetalana escribe otra historia de aquella guerra. La historia de las mujeres.                                                                            

   Eloína Calvete

                                                                                           
                 




jueves, 5 de diciembre de 2013

Extraña

EXTRAÑA

Siempre se sintió un tanto extraña. Como si hubiera nacido en la familia equivocada, en una época que no era la suya, en un mundo que la rechazaba. Y esa sensación no la había abandonado nunca, a pesar de haber luchado por integrarse en su realidad, por ser como todos. O mejor, como todas, como sus  hermanas, encantadas de jugar con muñecas y “cacharritos” de cocina. Atentas, ya de mayores, a modas y chicos, siempre acicaladas y encantadoras. Nunca las entendió, nunca encontró placer en vestir y desvestir a unos monigotes o en hacer de “mamá” entre pucheros y platos diminutos. Y los chicos la asustaban, no sabía muy bien cómo comportarse con ellos. El recelo era mutuo, no les atraía una chica que sólo hablaba de libros.

Porque su mundo era la lectura, tomos y más tomos se apilaban en su cuarto. De aventuras, de misterio, de historia o de poesía, todos le encantaban, todos la entretenían desde que, siendo muy pequeña, aprendió a leer descifrando los titulares de los diarios. Se imaginaba por esos mundos corriendo mil aventuras, descubriendo nuevos lugares, lejos, siempre lejos de su ambiente cotidiano. Por avatares del destino, miedos, culpas y complejos varios, nunca se cumplieron sus deseos. Y siguió sintiéndose extraña, ajena a una realidad que vivía de manera rutinaria y disciplinada. Asumiendo ritos, ceremonias y compromisos que jamás pensó aceptar. Confiando en que en algún momento sería capaz de acabar con todo y se marcharía en busca de su “santo grial”.

Nunca se marchó. Y ya no es tiempo de aventuras. Ya no cuentan sólo ella y sus deseos. A su alrededor giran otras vidas, otros sueños y otros intereses que se entrecruzan con los suyos. No importa si sigue sintiéndose extraña, ahora comprende que esa sensación también acompaña a otras personas que, como ella, han terminado por aceptarse así, como son. Siempre insatisfechas, anhelantes…diferentes



lunes, 23 de julio de 2012

EL PRECIO DE LA FAMA




“Ser famoso en nuestra época es percibido y equivale a una hazaña memorable”

EL PRECIO DE LA FAMA

Cada semana, los niños de Menuda Noche “juegan” a ser famosos



Eloína Calvete García
Nerea Fernández Leivas

“Queréis la fama, pero la fama cuesta, y aquí es donde vais a empezar a pagar. Con sudor”. Con esta categórica frase daba comienzo una serie de televisión norteamericana de los años ochenta. La pronunciaba una profesora  delante de un grupo de jóvenes que se esforzaba por destacar en el mundo de la música y de la danza. La serie  tuvo una gran acogida en nuestro país, quizás habría que señalar que aún no existían las cadenas privadas de televisión, pero aún así, resultó inesperadamente exitosa entre los jóvenes.

La fama cuesta

Es una opinión generalizada que para alcanzar el éxito hay que pagar un precio. Sin embargo hoy, alcanzar la popularidad  se ha convertido en una meta. Las palabras de Margarita Riviére, en su libro La fama: iconos de la religión mediática, son concluyentes “Ser famoso, en nuestra época es percibido y equivale a una hazaña memorable, lo cual expresa cambios en la idea de excelencia, que utilizamos como referencia de lo que es socialmente considerado como admirable o envidiable”. Y todo por obra y gracia de los medios de comunicación, esos constructores de una realidad paralela que encumbran y destronan siguiendo los dictados de la audiencia. Aumenta el número de jóvenes que se presentan a castings y pruebas para participar en uno u otro programa que, en teoría, les abrirán las puertas de la celebridad. Nada que objetar, cada cual es libre de trabajar su dicha o su desdicha.

Pero todo cambia cuando son niños los que aparecen actuando ante unas cámaras. Menores que repiten palabras estudiadas, que siguen un guión y quese comportan como  adultos en miniatura. Para Nicolás Castellano, psicólogo infantil, “el niño pierde básicamente su personalidad, porque adquiere la fama cuando se convierte en un personaje, deja de ser persona, hay un cambio de rol. Es un poco como un juego esquizofrénico. Cuando el niño está fuera del personaje trata de volver a ser quien es, pero el personaje le provoca olvidarse de quien es para ser otro. En ese juego de identidades en el niño puede darse un desequilibrio emocional, confundir la realidad (persona) con la fantasía (personaje). El niño tendría que ser muy adulto, muy maduro, para poder manejar eso, porque es difícil pasar de un rol a otro, tener mis amigos de la ficción y mis amigos en la realidad, mi familia de la ficción y mi familia de la realidad, mi vida, mi quehacer en un lado, y mi quehacer en el otro. Es difícil conciliar las dos cosas”.

Historia de famosos o famosos con historia

No es fácil asumir la fama. Mirando hacia atrás los nombres de Marisol, Joselito o Rocío Dúrcal acuden a nuestra memoria. Son, o mejor dicho, fueron niños famosos. Sólo hay que repasar sus historias. Todos intentaron conciliar la fama y una vida más o menos normal. Rocío Dúrcal, cantante y actriz precoz, recordaba en una entrevista concedida a la revista Fotogramas: “El fenómeno tiene compensaciones, ganas dinero… Lo bueno sería que se te utilizase artística y no humanamente, pero la explotación comercial y humana suelen ir muy ligadas y hasta que no te vas haciendo mayor no te vas enterando de las cosas, antes de que te des cuenta te encuentras manejada por todo el mundo. Cuando te meten a ser actriz, no sabes siquiera si te gusta serlo. Después, cuando estás en todo el asunto hasta el cuello, piensas mil veces en dejarlo. Pero no puedes, porque de ti dependen muchas personas. Ni para decir basta tienes suficiente libertad”. Estas palabras resumen su experiencia.

La pequeña Marisol creció entre bambalinas. La principal estrella infantil de los años sesenta padecía úlcera de estómago con tan sólo quince años. Tenía treinta cuando decidió recuperar su nombre, Pepa Flores, y espaciar su trabajo. Poco a poco se alejó de la fama y del estrellato para tomar las riendas de su vida. Su compañero de éxitos, Joselito, el pequeño ruiseñor, tuvo menos suerte. Su físico y su voz cambiaron y perdió el favor del público y de los productores. Su biografía está plagada de episodios trágicos: mercenario, traficante de armas, drogadicto. Tres niños, tres historias, tres destinos marcados por una fama precoz y que se desenvolvieron con mejor o peor suerte en sus vidas.

Pero éstas son historias antiguas, las hay más recientes y más conocidas por todos. Michael Jackson, Macauly Culkin o Tatum O´Neal. Quién no recuerda a Michael Jackson, el hermano más pequeño de los Jackson’s Five, que se transformó en una especie de personaje negro-gris-casi blanco y  que destrozó su vida y su talento entre operaciones quirúrgicas y tratamientos médicos.  Aquel chico de Sólo en casa, Macaulay  Culkin, manejado por los productores y por unos padres a los que llegó a acusar de robo, es actualmente un  joven de 31 años al que las drogas y el alcohol  han avejentado de manera prematura. También Tatum O’Neal tiene problemas de drogas. La pequeña actriz de Luna de Papel tiene hoy casi cincuenta años y aún no ha conseguido recuperar la custodia de sus hijos.

Se pueden seguir citando nombres más o menos recordados. Son ejemplos de lo que la fama hace con algunos niños. Sus historias están ahí, con semejanzas y diferencias entre ellas, pero con un denominador común. Sus vidas se desarrollaron fuera de los parámetros normales de la infancia y se convirtieron  en objeto de atracción pública, en fenómenos mediáticos. Como recoge Ángela Tormo, psicoterapeuta, en su libro Esto, eso, aquello… también pueden ser malos tratos: “ser la persona más admirada, fotografiada, amada y odiada no debe ser nada fácil, pero mucho menos cuando se es un niño”.

Sin embargo, los niños siguen siendo presa fácil del ansia de éxito, en la mayoría de los casos, estimulados por sus padres. A pesar de una abundante legislación relativa a los menores, se multiplican los casos de pequeños queaparecen en televisión. Para Antonio Manfredi,  editor de informativos de Canal Sur y miembro del Observatorio de la Infancia de Andalucía, “España es un país extraordinariamente normativo, porque eso acalla la conciencia del legislador, pero luego hay un incumplimiento. Y no se ejecuta ese incumplimiento, salvo en esos casos en los que suponga una recaudación inmediata. El cumplimiento de la ley deja mucho que desear. Y esto se asume como algo normal. Ya se sabe que cuando se legisla un tema ya habrá quien se encargue de incumplirlo sin demasiados problemas”.

Legislación “menor”

Haciendo un somero repaso podemos establecer que, a nivel nacional e internacional,  han aparecido un conjunto de leyes y declaraciones relativas a los derechos del menor entre las que cabe destacar la Convención de Derechos del Niño (1989) y la Carta Europea de Derechos del Niño (1992).  En España, dos leyes orgánicas (1982 y 1996), además de la Instrucción 2/2006 sobre el Fiscal y la Protección del Derecho al Honor, la Intimidad y Propia Imagen de los Menores, constituyen el marco legal específico en el que se abordan estas cuestiones. Según afirma Juan Siso Martín, Doctor en Derecho Público, en la Revista Pediatría de Atención Primaria: “el respeto a los derechos de los menores debe situarse en la base de los principios de nuestro sistema de convivencia social. La minoría de edad, en ese sentido, se concibe como aquella etapa de la vida caracterizada por la insuficiencia de la persona para proporcionarse, a sí misma, los medios necesarios de protección en el ejercicio de los derechos personales”.

Regulada y legislada la situación del menor, cabe preguntarse por qué, como  señala Antonio Manfredi, “hay un incumplimiento latente cuando los padres llevan a los niños a un casting, es decir, incluso si analizamos la normativa más rotunda, del año 2006, en la que el Fiscal General del Estado indica, en lo que se refiere al respeto a la infancia, que ni siquiera la autorización del padre, de la madre o del tutor deja libre a una cadena de poder utilizar la imagen de un niño. ¿Qué ocurre? Que hay padres y madres que ven en ese niño de nueve años un futuro Messi que, probablemente, vaya a ser multimillonario”. 

Efectivamente, existe una inobservancia de las leyes relativas a menores en televisión y un incomprensible interés por parte de algunos progenitores que ha traído consigo incluso una literatura específica. Títulos como Tu hijo puede ser un crack de Jaime Alguersuari, organizador de grandes eventos deportivos, instruyen a los padres en el descubrimiento de las claves que permitan reconocer el potencial talento, en este caso deportivo, de un chaval. Convertir al niño en el número uno, en el mejor, se transforma en el proyecto de vida de toda la familia, aunque el mismo autor del libro reconoce en una entrevista concedida a la revista Diez Minutos que “el 99% de los padres no va a conseguir que su hijo llegue a ser un crack”.

Es decir, por cada niño que triunfe, muchos otros se quedarán en el camino. ¿Qué ocurre con estos menores? Jaime Alguersuari afirma que “no debe ser un drama”. Sin embargo, para el psicólogo Nicolás Castellano “al niño se le enseña subliminalmente que es querido en función de sus logros, no es aceptado en función de él mismo. Es muy importante que los padres sepan minimizar. Minimizar tanto el fracaso como el éxito. Eso hay que entenderlo para no cargar la culpa del fracaso sobre la persona del niño. Una culpa que no puede asumir, porque tampoco ha sido su culpa”.

¿Y qué empuja a esos padres a buscar el reconocimiento público de sus hijos? Porque está claro que son los progenitores los que deciden llevar a su hijo a un casting, montarlo en una moto o poner una raqueta en sus manos cuando apenas levantan un palmo del suelo. “Influye sobre los padres el afán de notoriedad. En otros casos los motivos son económicos. Eliminar un deseo frustrado, es decir, que sus hijos consigan lo que ellos no han conseguido y que sus hijos sean lo que ellos no pudieron ser. Pero tienen que entender que el hijo no es una copia del padre, no es un clon”. Las palabras del psicólogo infantil nos revelan algunas claves de los comportamientos paternales. Porque a pesar de toda la legislación, los padres siguen siendo los principales responsables de sus hijos.

José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz y Defensor del Menor, apunta que “teóricamente son sus padres lo que tienen que protegerlos. Son programas que yo puedo catalogar de mal gusto, no los veo y ya está. Pero nadie ha podido demostrar que a esos niños se les esté vulnerando un derecho, de hecho no puede hacerse constar que exista una vulneración de algún precepto del ordenamiento jurídico español,  ni tampoco se puede hacer constar que la Fiscalía del Menor haya actuado”.

Justamente, como bien señala José Chamizo, la Fiscalía de Menores aún no ha realizado ninguna actuación relacionada con este tipo de programas. Daniel Valpuesta Contreras, Fiscal Coordinador de Menores de Sevilla, quiere dejar claro que  a la Fiscalía no ha llegado ninguna queja relacionada con este formato televisivo “lo único que nos ha llegado, porque además es preceptivo, es la notificación de la intervención de los niños, y sin que exista aunque sea una mera sospecha de que los derechos de algún menor son vulnerados, la fiscalía no puede intervenir”. Porque, aunque la Instrucción 2/2006 señala que “el fiscal podrá actuar de oficio para proteger los derechos de los menores…”, también deja claro que esta autoridad legal “deberá, en todo caso, utilizarse con prudencia, ponderando todos los intereses en conflicto…Habrá de ser excepción la intervención autónoma del Fiscal cuando el menor afectado tenga progenitores en pleno uso de las facultades inherentes a la patria potestad…” Es decir, queda meridianamente claro que son los padres los que, en última instancia, deciden sobre lo que es conveniente o no para sus hijos.

Quejas “menores” e instituciones

José Luis Calvo, portavoz de la Asociación PRODENI (Pro Derechos del Niño y la Niña), afirma que desde su asociación se han presentado diferentes quejas en relación con los niños que aparecen en programas de televisión, pero todo ha sido en vano porque “en general, esto es mercado. Los niños venden, lo precoz es atractivo y las productoras saben muy bien aprovechar el momento y subirse la ola. El mundo político se preocupó más del impacto en horario infantil de temática inadecuada, de programas basura, aunque tampoco sirvió de mucho la regulación pactada”.

El Consejo Audiovisual de Andalucía desestimó en el año 2007 una queja  referente a una supuesta  “utilización inadecuada de menores”, en el programa Menuda Noche de Canal Sur TV. Sin embargo, la institución reconoció que el empleo de niños en televisión despierta suspicacias “por la traslación, a la sociedad en general, y al público infantil, en particular, de dudosos valores relacionados con la popularidad vacua y el éxito intrascendente…”.

Las declaraciones del entonces presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía, Manuel Ángel Vázquez Medel, al diario ABC señalan el principal problema que se presenta cuando se trata de analizar la pertinencia de este tipo de emisiones: la imposibilidad de que un menor sea plenamente consciente de lo que implica aparecer a menudo en televisión y convertirse en fenómeno mediático más o menos fugaz. Convertirse en famoso y ser capaz de asumir la fama… o el olvido. Para el psicólogo Nicolás Castellano “si el éxito no continúa el niño se va a ver privado de una serie de refuerzos, de una serie de beneficios que obtenía de un modo más o menos fácil. Ese vacío le puede llevar a temas de depresión, a temas de conductas adictivas”.

Además, el catedrático Vázquez Medel suscribe en el diario anteriormente reseñado: "es preocupante el uso de menores en programas que no están dirigidos a niños y en el que éstos no actúan como niños, no pueden exhibirse niños como objetos de una barraca de feria". Desde el Observatorio Europeo de Televisión Infantil y desde Unicef también se ha alertado sobre este tipo de programas. No obstante, por centrar el reportaje en un caso cercano, Menuda Noche lleva ocho años en antena.


¿Programa infantil?

En la página web de Canal Sur se puede leer: “Menuda Noche es un programa protagonizado por niños y dirigido tanto para críos como para el resto de la familia... La inocencia, la frescura, la espontaneidad y la autenticidad de los niños andaluces son algunas de las claves que han hecho que Menuda Noche triunfe, enganche y siga en la Televisión Pública andaluza desde hace ya varias temporadas”. Inocencia y frescura, sí. La espontaneidad y la autenticidad son, como poco, discutibles, después de conocer el funcionamiento interno del espacio televisivo.

Cayetano, de ocho años, y Juan David, de cinco, son dos de los niños que aparecen en el programa. Fueron seleccionados en Lora del Río (Sevilla) tras un exhaustivo casting en el pueblo. El más pequeño se ha convertido en una auténtica “estrella”. Al mayor hace ya más de un mes que no lo llaman. Sus historias difieren en tanto que Cayetano, según palabras de su madre, es “un niño normal, creo que lo escogieron porque es muy guapo” y Juan David es un pequeño “experto” en la Semana Santa que hace sonreír a los mayores cuando imita las voces de los capataces costaleros y las posturas de las figuras de distintas hermandades cofrades.

“Todos por igual, valientes. Al cielo con ella”. La vocecita de Juan David resuena en el salón de su casa mientras hace una demostración de sus habilidades. Tras vocear como un capataz cofradiero y golpear el llamador del paso en miniatura que le han adornado en la tele, se mete debajo y lo levanta meciéndolo. A su madre y a su tía se les ilumina la cara. “Él es siempre así, nunca está quieto y habla sin parar. Le gusta todo lo relacionado con las cofradías. Ya nos han llamado con las preguntas del próximo programa, se las aprenderá en un plis-plas, tiene muy buena memoria”. La abuela de Juan David le llevó al casting que se hizo en el pueblo, estaba convencida de que su nieto sería escogido y así fue. Toda la familia gira en torno al pequeño y se turnan para llevarle al programa.

Pero la psicoterapeuta Ángela Tormo advierte que “ver a los hijos en la televisión, en vallas publicitarias, en revistas, aunque sea muy gratificante y eleve el ego, no es motivo suficiente para someter a menores a innumerables castings, hacerles perder el colegio, reducir su tiempo de juegos…”. La madre del pequeño Juan David asegura que, de momento, para él todo es pura diversión, que está deseando acudir al  programa y que le encanta sentirse el centro de atención. Normal en un chiquillo de cinco años que acaba de descubrir las ventajas de la fama.

Cayetano es un niño muy formal. Se sienta erguido en la silla esperando las preguntas y reconoce que fue al casting por propia iniciativa. Encontró el anuncio de la productora ZZJ en la tienda de chuches del barrio. El lugar de la convocatoria era la plaza del Ayuntamiento. Convenció a su madre para que le llevara, los niños tenían que acudir acompañados de un adulto o tutor.  Rubio y con unos inmensos ojos azules, ahora se pregunta por qué llevan varias semanas sin llamarle. Su madre cree que porque ya es mayor, aunque hay niños que continúan apareciendo con diez y once años. Es el menor de tres hermanos y su asistencia al programa estuvo muy controlada por sus padres. En todo momento tuvieron presente que el colegio era lo más importante para el chaval y sus intervenciones fueron  muy espaciadas.

En ambos casos se siguió, y con Juan David aún se sigue, la rutina habitual para los pequeños que son ubicados en “la escalera” del plató, el lugar desde el cual dirigen las preguntas a los invitados de cada noche. Porque ese es el cometido principal de estos pequeños, entrevistar al personaje asistente. Actores, cantantes, humoristas y hasta algún político han pasado por el programa. En otro apartado se sitúan los niños que cantan o bailan, los niños artistas. Con ellos la productora sigue otra dinámica, que no se ha podido establecer ya que  han hecho oídos sordos a cualquier petición de entrevista para este trabajo.

Según relatan Jésica, la madre de Juan David, y Mª del Carmen, la mamá de Cayetano, la semana anterior a la aparición del niño en el programa se ponen  en contacto con ellas y les dictan las preguntas que los pequeños tienen que hacer al invitado. A partir de aquí, los progenitores se comprometen a ayudar al niño a memorizar sus “espontáneas” preguntas y comentarios. Como se puede entender, esto deja poco espacio a la improvisación, aunque siempre puede surgir alguna observación, son niños. El día elegido para la grabación, casi siempre un martes, llegan con el texto aprendido y comienzan a ensayar con el presentador. Ni a los ensayos ni a la grabación asisten los padres, que están reunidos en una sala aparte mientras los niños actúan. Terminada la sesión, todos vuelven a casa. Ambas señalan que no hay por medio compensación económica, salvo los gastos de gasolina y algún que otro regalo a los pequeños después de algún programa especial: mochilas, balones, material escolar…

Los dos chiquillos de Lora del Río fueron seleccionados hace pocos meses, pero algunos niños llevan apareciendo en el programa cuatro o cinco años. Apariciones semanales en algunos casos, y  cada dos o tres semanas en otros. “Nosotros – cuenta Mª del Carmen- estamos relativamente cerca de Sevilla, pero había niños de Cádiz y de Granada cuyas madres se traían los pijamas para que los pequeños durmieran en el coche de regreso a sus casas. La grabación se termina a las nueve o nueve y media de la noche y  habían salido a las dos o las tres de la tarde para llegar al plató a las seis. Si mi hijo se quejaba a veces de que llegaba cansado, imagino lo que supondría para los otros niños… No sé hasta qué punto eso compensa. Además está el tema de la ropa. Allí había madres que comentaban que se habían gastado cien euros en un traje para su hija, para el programa especial dedicado a Unicef. Eso me parece muy fuerte. Aunque allí nunca te exigían nada, cuando había alguna gala nos pedían a las madres que los niños fuesen un poquito más arreglados”, Mª del Carmen se asombra de que los padres de estos pequeños, “habituales” casi cada semana,  aseguren no recibir nada a cambio. La fama cuesta.


Por otra parte, asegura que ha oído hablar de que a algunos les han dado becas escolares, pero subraya que sobre el tema de las compensaciones todo son rumores y comentarios que  no ha podido constatar. Su hijo sólo ha acudido al programa en siete u ocho ocasiones, y afirma que los padres que llevan más tiempo asistiendo a las grabaciones forman “un grupo aparte” que se relaciona poco con otros progenitores. Cayetano parece haber aceptado que no le vuelvan a llamar. Quizás, como dice su madre, sea ya “mayor”, pero él asegura que no le importaría regresar a “la escalera”.

El público que asiste a la grabación está formado por adultos. Los únicos menores son los pequeños que interrogan al invitado y cuentan algún chiste o los que actúan cantando y bailando. Para Nicolás Castellano, este formato no se puede denominar programa infantil: “Menuda Noche es un programa hecho por adultos y para adultos centrado en divertirse a costa de los niños. De algún modo, el niño es un muñequito de feria que se pone allí, al que se le dicen una serie de cosas que tiene que decir, que las dice con más o menos gracia y que está al servicio del adulto. No creo que sea bueno para el niño porque, sí, le da cierta popularidad, cierta notoriedad, que después va a acabar perdiendo, pero ahí el niño saca muy poquito de todo eso”.

Ocho años en antena son muchos años. Todo un récord en televisión. La competencia entre las distintas cadenas hace que los índices de audiencia determinen la duración de los distintos formatos en las parrillas televisivas y hay pocos que se mantengan tanto tiempo.

Pero, ¿quién quiere la fama?

Menuda noche es sólo un tipo de programa  en el que los menores ejercen de protagonistas; antes ha habido otros y, es de suponer, que nuevos modelos surgirán. Lo que cabe preguntarse es por qué sigue en antena a pesar de las dudas que suscita sobre su conveniencia. Todos los entrevistados y la literatura consultada advierten de lo  inadecuado de someter a los más pequeños a este tipo de presión mediática. Las madres de los chiquillos que aparecen en Menuda Noche no creen que sus hijos corran ningún tipo de riesgo especial por acudir a “pasar un buen rato”. Evidentemente, si lo pensaran no los llevarían al programa. Así lo afirman y, por tanto, hay que dejar constancia de ello.

Sin embargo, no es esa la opinión generalizada de los distintos expertos consultados. Para Antonio Manfredi, miembro del Observatorio de la Infancia de Andalucía: “los niños son niños y tienen un tratamiento especial. Quien no entienda eso se está equivocando. Y no digo un tratamiento distinto, porque son niños, no son tontos. Los niños necesitan un marco de respeto y de desarrollo personal que les garantice el día de mañana ser unos adultos libres y capaces. Las televisiones generalistas esto no lo entienden así. Entienden al niño como un factor de gasto”.

El psicólogo Nicolás Castellano advierte otra vez sobre el problema que suponen los padres, “son los que deciden si el niño participa o no participa. Pienso que el niño no va a decidir nunca participar o no participar. Él puede querer participar porque le llame la atención, pero no decide. Porque decidir implica un proceso de análisis de lo positivo y de lo negativo, de lo que conviene y de lo que no conviene. El niño no entra en ese proceso. Le llama la atención, quiere salir en televisión, y lo hace. Son los padres los que al final deciden si lo hace o no lo hace”.  Con él coincide Ángela Tormo, psicoterapeuta dedicada a los problemas de la infancia, familia y adultos, “la mayoría de los niños y niñas famosos han llegado a ello porque sus padres se han empeñado en llevarles a castings y en hacerles pasar cualquier prueba con tal de poder presumir ante la familia y los amigos…”.

Los intereses de las cadenas de televisión y el afán de protagonismo de algunos padres son, pues, los principales impedimentos a los que se enfrentan las distintas instituciones y asociaciones que cuestionan este tipo de programas. Unos obstáculos que, a tenor de lo señalado por el Fiscal Coordinador de Menores de Sevilla, ni la legislación vigente puede soslayar.

Aunque algunos apuntan posibles soluciones. Desde el Defensor del Menor se señala que “podría establecerse un código de autorregulación para evitar que los niños sufran  efectos perversos, que los niños no vayan más de una vez o dos al programa…”. Y Nicolás Castellano aconseja: “como forma de  paliar un poco los efectos en el niño, incluiría público infantil. Lo que pasa es que eso implicaría hacer un programa diferente. En todo caso, lo dejaría mucho más desde la espontaneidad para que realmente sea para una audiencia menuda”.

Soluciones que se brindan porque todos son conscientes de que mientras el programa mantenga sus índices de audiencia, mientras a la cadena de televisión y a la productora les reporte pingües beneficios, los intereses de los menores, las posibles consecuencias psicológicas de su prolongada exposición mediática, no serán tenidas en cuenta. Y aquí es necesario recuperar las palabras de José Luis Calvo, portavoz de PRODENI, “esto es mercado. Los niños venden, lo precoz es atractivo y las productoras saben muy bien aprovechar el momento y subirse la ola”. Sin olvidar lo que se recoge en el libro de Ángela Tormo Esto, eso, aquello…también son malos tratos, “maltrato emocional: cuando no se toman en consideración las necesidades psicológicas del niño o de la niña, particularmente las que tienen que ver con las relaciones interpersonales y la autoestima”.


UN CASO MUY ACTUAL: LADY GAGA


“Stefani Joanne Angelina Germanotta, mejor conocida como Lady Gaga, es una cantautora de éxito mundial que ha llamado la atención por sus estrambóticas vestimentas e insólitos comportamientos... Fue una niña prodigio en la música y desde los 4 años tocaba el piano. Se educó en una escuela católica y privada. Tuvo pocos amigos, solía llevarse mejor con los hombres que con las mujeres y se vestía diferente del resto de niñas, es por ello que se sentía una freak”.

 Así comienza el análisis psicopatológico que Daniela Nugué Oneto, estudiante de 5º de Psicología Clínica en la Universidad Espíritu Santo de Ecuador, realiza de Lady Gaga en la revista PSIQUIS, de dicha institución académica.

La conducta de esta joven artista, nacida en 1986, viene marcada por la provocación; su forma de vestir y sus actuaciones siempre traen consigo la polémica. Según Daniela Nugué, esto aparece determinado por la necesidad de esconder su verdadera personalidad de chica tímida e introvertida, insatisfecha consigo misma y con su físico. Las drogas y el alcohol, además de la cirugía estética en diversas ocasiones, han formado parte de su vida, aunque actualmente parece libre del consumo de estas sustancias. Siguiendo los manuales psiquiátricos en el análisis se establece que Lady Gaga padece lo que se denomina un “trastorno de  personalidad histriónica” que se caracteriza, entre otras cosas, por una constante búsqueda de aprecio y atención. Además de una enfermiza preocupación por el aspecto físico y un elevado egocentrismo.

Como conclusión, Daniela Nugué afirma que si Lady Gaga “en el futuro llega a fracasar o a perder su fama, es posible que caiga en una depresión, exponiéndola nuevamente al consumo de sustancias y, en última instancia, a comportamientos autodestructivos”
 La fama cuesta.

EL CONCURSO


Eloína Calvete García


Un qui…qui…quilo de plátanos, po…po…por favor. Sintió que se ruborizaba al terminar la frase, como siempre. El frutero le sonreía amablemente, ya la conocía, pero ella cogió su bolsa con los recados y salió sin mirar a nadie, sin despedirse.

Odiaba ir a comprar, su madre se empeñaba en que tenía que salir. Decía que pasaba demasiado tiempo en su cuarto y que debía de relacionarse con la gente. La gente…siempre la gente. ¡Su madre no entendía nada!  Estaba superagobiada, tenía un problema. Un problema que le parecía imposible de solucionar. Totalmente imposible. ¿Cómo se le había ocurrido ofrecerse voluntaria para participar en el concurso? ¿En qué estaría pensando? Pasado el impulso inicial quiso echarse atrás, pero Sor Benicia, la profesora de Religión, no se lo permitió.
-          “Te has comprometido y tienes que seguir adelante. Te toca estudiar el Antiguo Testamento. Recuerda que jugarás como delantero del equipo. No te preocupes si no contestas, las preguntas pasarán a tus compañeras, pero perderéis puntos”

¡Dichosa monja, era inflexible! Estaba asustada. Sus ojos se llenaban de lágrimas cada vez que pensaba en el concurso. No le importaba estudiar, le gustaba leer los primeros libros de La Biblia con sus personajes tan peculiares y sus historias tan curiosas, aunque, a veces, se hacia un lío con tanto nombre y tenía que volver atrás para no perder el hilo.

Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. Los doce hijos de Jacob, origen de las doce tribus de Israel. Los repitió mentalmente sin olvidar ninguno, sin fallos… sin tartamudear. ¿Por qué no podía hablar igual? Pensando no se trababa, ni en sueños, ni cantando. Otra vez las lágrimas. No podía evitar angustiarse, se acercaba el día del concurso. Ya estaba acostumbrada a que se rieran de ella. En el mejor de los casos, algunas compañeras la trataban con una condescendencia que despreciaba, sólo les faltaba acariciarle la cabeza como si fuera un animalito indefenso. En el peor, terminaban sus palabras con impaciencia. “! Acaba de una vez, por Dios!” Era humillante.

Ni siquiera podía discutir con sus hermanos. Toda su rabia se quedaba en “Tú… tú…tú eres un im…im…imbécil” Cuando terminaba la frase, el hermano en cuestión se había marchado o se tronchaba de risa en el suelo. El llanto se había convertido en un recurso defensivo, era la única manera de que la dejaran en paz.

Génesis, Éxodo, Levítico, Números. Repasaba los nombres de los libros históricos del Antiguo Testamento mientras las sonrisas burlonas de sus compañeras y sus hermanos se asomaban a las páginas de La Biblia. ¿Cómo se le había ocurrido meterse en semejante lío? Y por si fuera poco sería delantero, la primera que tenía que responder a las preguntas. Por cada respuesta acertada el equipo sumaría 10 puntos. Si fallaba,  la defensa o la pivot podían contestar, pero los puntos se reducían a 5 ó 3. ¡Qué responsabilidad! La odiarían. Hablaría otra vez con Sor Beni.
-         “No, guapa, serás delantero. La defensa y la pivot ya están escogidas. Espabila que sólo queda una semana. Y no me hables más del tema”. Quería morirse.

Y su madre,” erre que erre” con que tenía que salir más. ¿Salir con quién? ¿Con sus compañeras? ¿Con esas pavisosas que sólo pensaban en los chicos?  ¡No y no! La hacían sentirse inferior a ellas, rara, imperfecta. Prefería leer o escuchar música y cantar. Cantaba a voz en grito cuando estaba sola. Le gustaba oír su voz sin el terrible tartamudeo. No tenía mal oído (o así le parecía a ella) y memorizaba rápidamente las letras de las canciones que más le gustaban.

Ruth, Samuel, Tobias, Judith, Ester. El Arca de la Alianza, la Travesía del Desierto. Fechas y nombres se mezclaban en su mente con el miedo. El miedo al ridículo, a las burlas. ¿Qué podía hacer?  
-         “Nena vamos, tienes que ir a comprar”
-          “¡Uf, mamá! ¿No puede ir alguno de mis hermanos?”
Menos mal que sólo eran un par de cosas. No le costaría mucho decirlas. Había aprendido a cambiar las palabras más difíciles de pronunciar por otras más fáciles para ella. Casi sin darse cuenta, era un reflejo de su mente que la hacía sonreír. Conocía muchas palabras, muchos sinónimos, gracias a la lectura. Su profesora de Lengua, la señorita Sacri, le decía que era una alumna brillante. Pero ni por esas cambiaba la actitud de algunas
-         “Pobrecita, ¿por qué hablas así?” le preguntaban
-         “¡Y yo que sé!, no tengo ni idea, ¿creéis que me gusta?…”
Algunas frases le salían del tirón y, sin embargo, se atascaba en algunas palabras de lo más sencillas. 

No dejaba de pensar en el concurso. ¡Menudo problema! No veía otra solución que fingirse enferma y faltar a clase ese día. ¿Fingir?, no tendría que fingir mucho. A medida que se acercaba la fecha señalada sentía mucho frío o mucho calor. Las manos le temblaban y a todas horas estaba a punto de llorar. Sin embargo, hoy puede distraerse un poco. Como cada sábado, en la sobremesa, verá la película de Sesión de Tarde en la tele. “Sonrisas y Lágrimas”, el título promete. Pronto se quedó sola en el salón, sus hermanos se aburrían con un musical y se ensimismó en la pantalla. “Nena, ¿no sales hoy?” ¡Qué pesada! ¡Ni hoy, ni ayer, ni mañana! ¡¿Esta mujer no se entera de que no quiero salir!?

Hay que seguir estudiando. No había dicho nada en casa del concurso, no quería más presión. Su madre, al contrario que algunas de sus compañeras, la creía capaz de las mayores hazañas estudiantiles. Querría ir a verla  y no se sentía capaz de defraudarla. Y menos aún en público.

Los Salmos, los Proverbios, el Cantar de los Cantares, Isaías, Jeremías, Daniel. Se estaba cansando de todo esto. Leer por leer era divertido, pero esta cantidad de personajes e historias comenzaban a convertirse en una pesada carga. Por muy bíblicos que fueran.

 “♫♫♫ Do, es trato de varón. Re, selvático animal, Mi, denota posesión, Fa, es lejos en inglés…♫♫♫” Cantaba la canción de las notas musicales de la película. Le había gustado mucho y tarareaba sin parar mientras continuaba con sus estudios. ¡Tenía que concentrarse! El tiempo se echaba encima y dentro de muy poco estaría en el escenario del Salón de Actos del colegio.

-         “Nena, no tenías que haberte ofrecido voluntaria. No es por nada, pero sabes que te quedarás atascada y las preguntas pasarán a mí. Yo las contestaré, pero valdrán menos puntos”. Marina, la defensa del equipo, la llamaba por teléfono para echarle una bronca.
-         “Ya lo sé, he intentado re…re…retirarme, pero Sor Beni no me deja”
-         “Sí, Sor Beni. De verdad que no imagino de dónde sacaste la idea de que podías concursar como las demás. Chica, pareces tonta”
Y ella era de las amables, cualquiera sabe lo que pensarán las demás…

Repaso general. Rubén, Simeón, Leví, Judá…Queda un solo día para el concurso.

♫♫♫ Do, es trato de varón, Re, selvático animal, Mi, denota posesión…♫♫♫ ¡¡Deja de tararear, concéntrate!!

Y de pronto se le ocurrió una sorprendente idea. ¡Puede cantar las respuestas en el concurso! ¡Seguro que no tartamudea, nunca se traba cantando! Se irguió en la silla y pensó que se estaba volviendo loca. ¿Cómo se iba a poner a cantar las respuestas? ¿Qué pensarían? ¿Y las reglas del concurso?...

 ¡Al diablo con todos! Cantaría las respuestas y que los demás decidieran y pensaran lo que les viniera en gana. Al fin y al cabo, poca gente se había preocupado de conocerla y la mayoría la trataba como a una estúpida. Sería… una estupidez más.

Llegó el gran día. Se sentó muy tranquila en el pupitre situado en el escenario del Salón de Actos. A su lado, Marina, la defensa, y Teresa, la pivot, la miraban con suspicacia. Sonrió acercando la silla a la mesa. “Estoy preparada”

-         Primera pregunta: “Nombre a los doce hijos de Jacob, fundadores de las doce tribus de Israel”

♫♫♫ El primero fue Rubén, seguido por Simeón. El tercero es Leví y el cuarto fue Judá. El quinto se llamó Dan y el sexto Neftalí. El siguiente será Gad y el octavo se llamó Aser. Isacar y Zabulón completan los diez. Con José y Benjamín formarán las doce tribus de Israel ♫♫♫

 Uno a uno cantó todos los nombres. Cuando terminó se hizo un gran silencio en el Salón de Actos. Alguien comenzó a aplaudir y los demás le siguieron.

-         Segunda pregunta: “Cite a los dos hijos de Abraham y a sus respectivas madres”

♫♫♫ “La esclava Agar dio a luz  a Ismael, padre del pueblo árabe. Su esposa Sara engendró a Isaac, patriarca de Israel ♫♫♫”
Más música, más aplausos. Se sintió enormemente feliz.

Una a una respondió a todas las preguntas. Siempre cantando. Ninguna pasó a la defensa y su equipo consiguió la victoria en el concurso. Sus compañeras la abrazaron entusiasmadas y los profesores la felicitaron, pero ella sólo quería llegar a casa para contárselo todo a su madre.
Al día siguiente, recortó la noticia que aparecía en el periódico del colegio:

ORIGINAL CONCURSO DE “CESTA Y PUNTO”

“La edición de este año del concurso juvenil “Cesta y Punto” ha resultado del todo sorprendente. La cantarina delantero del equipo Clase A respondió sin fallos a todas las preguntas.  Y además nos deleitó con una nueva versión del musical “Sonrisas y Lágrimas” basada en el Antiguo Testamento. ¡Enhorabuena chicas!”